¿Quien es Pomponio Flato?. De la lectura de las primeras líneas del capítulo I, tenemos que deducir que es un aventurero, un explorador,un científico ávido de conocimientos, que no duda en embarcarse en las más disparatadas aventuras sí le procuran alcanzarlos y verificar su verdad. Algunos lo calificaríamos de "loco", pero como él ha habido y hay muchos en el mundo, así que reconocemos su valor, curiosidad y ansias de ver y saber. Incluso haciendo él mismo de conejillo de indias cuando es necesario para certificar algún nuevo hallazgo.

Bueno, pues según le cuenta a Fabio, debido a un experimento de esos, se ve metido en un berenjenal de aupa. Sus huesos, situación en la que parece estar debido a una contumaz diarrea, van a parar a Nazaret, acompañando a un noble tribuno del ejercito del Imperio, Roma, que debe ajusticiar a un reo condenado por el Sanedrín local. El reo, de nombre José, casado con María y con un hijo llamado Jesús, está acusado de haber dado muerte al rico Epulón. ¡Ahí es nada!. Pudiera ser una casualidad, ya que los nombres del carpintero, profesión de José, el de María y el de Jesús, son corrientes en la Judea de entonces, y pudiera darse el caso de que hubiera en Nazaret, además de la familia en la que, llegados a este punto, todos estamos pensando, alguna otra más que reuniese estas características. Ahora bien, en ese pequeño pueblo es muy improbable, máxime si se tiene en cuenta la profesión del "pater familias", carpintero. Dos en Nazaret parece difícil, ya que el mercado no debía dar para tanto.

El caso es que debido a que Jesús, que no cree que su padre hubiese matado al rico Epulón, con lo conseguido sisando en las compras a las que le manda su madre, María, contrata a Pomponio Flato como detective, con el  objetivo de que demuestre la inocencia de José y encuentre, a poder ser, al verdadero culpable. Y de eso va la novela.

El relato está escrito con la habilidad a que nos tiene acostumbrado el autor, Eduardo Mendoza, incluso me atrevería a afirmar que se recrea en el lenguaje, que lo adapta de manera magistralmente irónica al que estamos acostumbrados a escuchar en parodias ambientadas en aquellos momentos. La memoria nos trae al pensamiento los diálogos de la celebre película de los Monty Python, La vida de Brian. Mendoza aquí, como ellos allí, juega con los nombres de los personajes, especialmente de los romanos, con palabras de doble sentido. No duda en utilizar algún que otro estereotipo, como es el caso cuando habla de los griegos. Es un lenguaje audaz, con giros rebuscados, hallazgos retóricos y pomposos, y en ocasiones auténticas flatulencias verbales. Es una parodia que reune géneros diversos, una broma, una chanza propia de su autor. En todo caso ferozmente divertida.

Debemos leer el libro como lo que es. Una deliciosa novela de humor. Pasar con ella un agradable rato. Si lo hacemos así, seguro que el autor se dará por satisfecho. En todo caso su ya extensa obra parece querer únicamente y no es poco, hacer más feliz el vivir, ironizando sobre temas que otros tratan con toda seriedad y apariencia de verdad, no siempre probada.