Comenzamos curso. 2008-2009. Lo empezamos con una novela de Alexandra Lapierre. He de confesar que no tenia ni idea de quien pudo ser William Petty, si existió o es fruto de la imaginación de la autora. Así que busco en Internet y averiguo que este personaje nació en los albores del siglo XVII, concretamente en 1587. De humilde origen, su actividad hace que podamos considerarlo uno de los mejores arqueólogos, a la altura de los mitos de la profesión. 

William Petty era un hombre inteligente, brillante,de buena presencia y se desenvolvía con facilidad en los ambientes más refinados. Además era un aventurero y buen espadachín. También un notable jugador y mujeriego. Sus actuaciones se movieron siempre sobre esa delgada línea existente entre la heroicidad y la vileza, entre la aventura y el engaño, entre la locura y la genialidad.

Nos encontramos en la Inglaterra del siglo XVII. Recién graduado por la Universidad de Cambridge, fue contratado por Lord Arundel, noble de gran influencia en la corte y coleccionista de obras de arte de la antigüedad. Al citado Lord no le importaba mucho si las maneras utilizadas para conseguirlas eran poco "ortodoxas". 

Su primer trabajo, encargado por el citado Lord, será desplazarse a Venecia y entrar en contacto con las principales familias de aquella república para, después de enterarse del estado financiero de las mismas, muchas arruinadas, comprarles a bajo precio sus propiedades artísticas, especialmente pintura. Así logra adquirir cuadros de Tiziano, de Verones y de otros. Pese a la Ley que prohibía sacar del país dichas obras, Petty se las ingenia. El original era duplicado de forma exacta y esta copia quedaba en poder de la familia vendedora. Luego por medio de todo tipo de tretas, se lo llevaba a su destino. Se dice que aún hoy algunos creen tener cuadros originales cuando en realidad tienen una buena copia.

Venecia se le queda pequeña y se desplaza a Turquía y Grecia, actuando ya como un autentico ladrón artístico. Se sabe perseguido pero logra burlar continuamente al brazo de la ley y consigue llevar a Inglaterra cientos de lienzos y otras piezas artísticas que hoy se encuentran en los museos de Louvre, Prado y otros a lo largo y ancho de Europa.

Una de las obras más importantes de la colección de Lord Arundel, son un conjunto de obras talladas en mármol, denominadas Crónica de Prados. Petty las llevó a su mentor en 1627. Consisten en una tabla cronológica de héroes míticos, reyes clásicos griegos y diversos eventos de importancia sucedidos durante sus reinados, entre el año 1581 adC y el 264 adC, que ofrecen una valiosa información sobre la historia más remota de Grecia. Actualmente se conservan en el Ashmolean Museum de Oxford.

También se le atribuyen importantes fragmentos del altar completo de Pérgamo, expuestos en el Pérgamo Museum de Berlín.

Petty, que al principio solo apreciaba el aspecto mercantil de su actividad, llegó a entender y enamorarse verdaderamente de las obras que adquiría. A su sentido de la belleza y transcendencia se debe que muchas las podamos seguir admirando hoy en diversas colecciones públicas o privadas y no hubiesen desaparecido en la destrucciones y saqueos que sucedieron en Europa durante el mencionado siglo y siguientes. Consideraba que estas obras eran reflejo de lo más granado de la expresión artística de la humanidad y por consiguiente debían perpetuarse para las generaciones futuras. Tenía un sentido museístico de su profesión. A ella dedicó su vida, no siempre dentro de la Ley, pero interesante y digna de la belleza de las obras que ayudó a conservar.

De este personaje va la novela. Esperemos que Alexandra Lapierre haya acertado en su descripción y al final conozcamos mejor la vida de William, héroe, villano, jugador, aventurero, buen espadachín y mujeriego. Vamos un Indiana Jones de su tiempo. La verdad es que siempre he sentido una admiración especial por aquellos hombres y mujeres que en siglos pasados fueron capaces de llevar adelante acciones arriesgadas, amparándose en su inteligencia, audacia y conocimientos, ya que los medios eran muy escasos.

La autora, Alexandra Lapierre, es hija del conocido escritor y periodista Dominique Lapierre. Se declara fascinada por el personaje, que descubrió casualmente revisando archivos policiales cuando buscaba información para otra novela. Es una escritora prolija, con obras como Cortesana, Un hombre fatal, El ausente, Fanny Stevenson (gran premio de las lectoras de Elle) y una biografía de Artemisa