Wenceslao Fernandez Florez (IV)
Su relación con el mundo cinematográfico fue intensa. Frente a quienes creyeron que ese arte podría oscurecer a la literatura popular, Fernández Florez saluda dicho modo de expresión con alborozo, pese a que al principio y como casi siempre hace ante lo nuevo, lo rebaja y define como”esa barata morfina de nuestro tiempo”.
En 1926 y en una película llamada “La malcasada” aparece por primera y única vez como actor. Lo hace como un jugador de naipes con otros extras de postín, a saber: Valle Inclán, Romero de Torres, Miguel Fleta y el mismísimo General Franco.
En los años posteriores mantendrá una fluida relación con actores y actrices, de forma especial con Antonio Casal, coruñés como él, al que le unirá una entrañable amistad.
Escribirá guiones originales. El primero en 1927 a petición de Juan de Orduña. La película será “Una aventura de cine". Repetirá con Afan-Evu (El bosque maldito), la peor de cuantas películas se hicieron basadas en su obra.
Multitud de sus obras serán adaptadas al cine. “El malvado Caravel”, “Unos pasos de mujer”, “El hombre que se quiso matar”, “Huella de luz”, premiada en 1942 con el Nacional de Cinematografía. En 1943 “La casa de la lluvia”, “El destino se disculpa” (1944). En 1949 “Ha entrado un ladrón”. En 1958 “Camarote de Lujo”.
Son años felices, plácidos. Sigue viviendo en el mismo piso de siempre, con su madre, colabora con ABC, da largos paseos, asiste a las reuniones de la Real Academia. En definitiva, desarrolla una dulce y habitual rutina. Su actividad novelística y cuentista está definitivamente cerrada. Sus añoranzas gallegas le impulsan a realizar continuos viajes a “Villa Florentina” su casa de Cecebre y estancias en La Coruña. Se suceden homenajes, condecoraciones. En fin, lo normal en un personaje de su valía. En 1959 le conceden la Gran Cruz de la Orden de Alfonso X el Sabio. La recibe en la Coruña, en el Círculo de Artesanos del que es socio, de manos del ministro de Educación Jesús Rubio. Su amistad con Francisco Franco sigue siendo intensa. Le visita en El Pardo o en Meirás. También su hija y nietos visitan a Wenceslao en Cecebre. Se dice que esta amistad fue tan intensa que Franco le llegó a ofrecer varias embajadas. El cronista las rechazaba alegando que no quería alejarse de su madre. Una peculiaridad en estos años es que empieza a beber. En el Círculo de Artesanos recuerdan como cada vez que iba por allí tomaba un vaso grande de agua y una copita de ginebra. Pues bien, cuando nadie prestaba atención le pedía al camarero que echase la ginebra en el vaso y el agua en la copita. La pérdida de su madre, que fallece a la edad de 99, le afecta de forma irreparable. Muere su señora madre en Cecebre, mientras paseaba. Él ya se encontraba enfermo de arteriosclerosis y la desaparición de su anciana madre hace que empeore. Tiene frecuentes pérdidas de memoria. Llega al extremo de no conocer a su propio hermano. A partir de 1963 ya no vuelve a salir de casa. En enero de 1964 tiene que permanecer en cama. Fallece el 29 de Abril de 1964 víctima de un colapso. Sus restos mortales se trasladan a La Coruña, su amada ciudad, donde son recibidos con grandes muestras de duelo y cariño popular. Reciben sepultura en el cementerio de San Amaro. Curiosamente, a la misma hora que el escritor cruzaba el Puente del Pasaje en el que sería su último viaje, el hijo que nunca llegó a reconocer se cruzaba con él, en el abandono de la ciudad.

