El estallido de la Guerra Civil le afecta muy directamente. Estaba por aquellas fechas preparando un viaje a Estoril. De hecho ya tenía el billete. Todo se viene abajo. Sabe que corre peligro, ya que en sus "crónicas" están perfectamente reflejadas sus tendencias políticas. Las visitas de milicianos a su casa comienzan. Le requisan el coche, al que en lo sucesivo llamará "mambrú". Comprueba que su circulo de amigos se va estrechando y decide esconderse. Lo hace en varias viviendas de conocidos y amigos, hasta que comprende que está haciendo correr un riesgo a los que le ayudan. Confiaba que aquello no durara, pero se alarga. Regresa a su casa y allí descubre el documento que le acredita como Caballero de la Orden de Orange-Nassau. Llama a la embajada holandesa, pero ni el embajador ni el secretario se encuentran en ella. Entretanto su hermano consigue ponerse en contacto con la embajada argentina, que le acoge gustosamente. Allí residirá un tiempo, con estrecheces ya que cada vez son más las personas que buscan seguridad en ella. El problema se resuelve totalmente al aparecer el cónsul de Holanda y llevarlo a la embajada de dicho país. Desde aquí y con otros refugiados se traslada a Valencia, donde reside el Gobierno de la República. Al llegar sus camaradas de fatigas logran los visados correspondientes para abandonar España. Él es retenido y debe peregrinar nuevamente de casa en casa de amigos. Al fin logra visado para trasladarse a Barcelona y después abandonar el país por el paso de La Junquera. Unos días después estará en Cecebre.

La consecución de este visado y lo que posteriormente sucedió es, según confesión propia, "el episodio más doloroso de su vida". Tardó tiempo en confesar que quien le facilitó el documento fue su amigo Zugazagoitia, a la sazón Ministro de Gobernación. En su propio coche y con su chofer, trasladan a Wenceslao a la frontera. Terminada la guerra y entregado Zugazagoitia a las autoridades franquistas por los alemanes, éste le pedirá que declare a su favor en el juicio que se sigue por sus responsabilidades republicanas. Wenceslao lo hace en un primer momento, pero después coaccionado, no ratifica dicha declaración ante el tribunal.Zugazagoitia es fusilado.

Por estas fechas escribe la novela "Una isla en el mar rojo", en la que vuelca todo el resquemor que ha atesorado durante el periplo someramente aquí descrito. Sus críticas serán duras, a Azaña, a Casares y en general a todo lo republicano. Pasado el tiempo reconocerá que no debió escribir dicha obra y que si pudiera la borraría de su producción. Debemos disculparle, en virtud de los sufrimientos y sinsabores pasados.

La guerra cambia totalmente su visión del mundo. "Antes de la guerra, diría muchos años después, creía que lo más importante que había en la vida era la inteligencia, pero ahora creo que es la bondad". Él que se había definido en algún momento como "socialista heterodoxo", no quiere saber nada que pueda oler a "izquierda". Fustiga las ideas comunistas y no pierde el temor a ser nuevamente represaliado si cae el régimen de Franco. Tanto es así que hace construir en su casa de Cecebre un escondrijo de no más de 8 m2, por si acaso.

Al terminar la guerra civil tiene 51 años. De ellos 22 habían estado dedicados  a la crítica política. El triunfo nacional que tan calurosamente aplaudió, supondría para él un recorte en su libertad de expresión que oscurecerá su labor como periodista. Es una persona atildada, rutinaria, a la que le gusta a un tiempo la sencillez y la comodidad. Coche con chofer uniformado, horarios rígidos para su diario pasar, le gusta escribir de noche, después de cenar y siempre a mano y con la misma pluma. Pese a su edad le siguen tratando de "señorito", lo que no deja de resultar curioso. Debido a su desvelos, se levanta tarde, a las 12 ó 1 del mediodía, se acicala con esmero y se sienta a comer. En casa usa batín y a la calle sale con un elegante abrigo de pelo de camello. Desde 1945 todos los jueves asiste a las sesiones de la Academia. Por cierto, es en ese año cuando, al fin, lee su discurso de ingreso que se tituló "El humor en la literatura española". Es la muestra de su aceptación dentro de dicho género.

Sus preferencias políticas le acarrearan perder algunas colaboraciones con diarios extranjeros. Es el caso de La Razón de Buenos Aires y otros. No se puede omitir que Wenceslao alabó a Mussolini y su forma de pensar. declarando que alguno de sus discursos le ha dado alientos y orgullo.

Abandona la crónica política y se dedica a escribir de otros temas de actualidad, como son el fútbol y los toros. Son temas para los que no se cree capacitado, ya que desconoce todo de esos mundos, pero aún así, haciendo gala de su capacidad para describir originalmente todo lo que ve, logrará memorables exitos. Entre ellos el aumentar el léxico futbolístico con la palabra "vicegol", cuyo significado es "el griterío que hace el público del estadio, "gooollllaay",  cuando la pelota en vez de alojarse dentro de la portería, es despejada por el portero o se estrella contra un poste, o sale fuera rozando los palos. Todo un acierto Sus escritos sobre el deporte citado los recogerá en un magnifico y divertido libro, titulado "De portería a portería".  Colaborará con "La Codorniz" a petición de su buen amigo Manuel Halcón. Estos artículos se recopilarán bajo el título "La nube enjaulada".

Continuara……..