El barón rampante, de Italo Calvino
Es una historia imaginaria, pero ¿hasta que punto con o sin darnos cuenta, podemos hacer como Cosimo, Barón de Rondó?. A sus doce años y en un gesto de rebelión contra la tiranía familiar, toma una decisión, "no bajar nunca de los árboles. Así, sin tocar el suelo, transcurrirá su existencia. Participará en los acontecimientos europeos de finales del siglo XVIII y principios del XIX. Le tocará vivir la Revolución Francesa, las invasiones napoleónicas, etc. etc.. Pero eso sí, conservando la distancia necesaria para estar dentro y fuera al mismo tiempo. Calvino nos enfrenta a un importante tema que afecta a cada persona íntimamente, fijarse una regla de conducta y seguirla hasta sus últimas consecuencias, ya que sin ella no sería él ni para sí ni para los demás.
La pregunta es, ¿es posible?. La intransigencia es la protagonista de la obra. A su decisión han de plegarse los demás. No es independiente pero actúa como si lo fuera. Otros tendrán que proveerle en sus necesidades. Renuncia a una familia, pero no al amor. Y si bien es cierto que será un ser noble y preocupado de lo que en su comunidad ocurre, su manera de actuar siempre será distante y desposeída de contacto humano verdadero.
Estamos ante un libro que relata una magnifica fábula. Cosimo actúa como esos duendes de los cuentos, culpables de todo y a la vez que todo lo arreglan. El personaje se siente así justificado, pero no deja de ser, a mi modo de ver, un canto a la tozudez e intransigencia en el modo de actuar y de pensar.
La novela se lee con agrado y, en ocasiones suscita sorpresa y diversión. Italo Calvino hace un canto al esperpento. Su habilidad para introducirnos en ese mundo es admirable. Nos gustará.

