
Esta novela es considera la obra más importante de su autor, Thomas Mann. Es un clásico de la literatura alemana del sigro XX, habiendo sido traducida a numerosos idiomas.
Thomas Mann la comenzó a escribir en 1912 a raíz de una visita a su esposa internada en el sanatorio Wald de Davos. La concibió inicialmente como una novela corta, pero el proyecto fue creciendo con el tiempo hasta convertirse en una obra mucho más extensa. El inicio de la primera guerra mundial paralizó su redacción. Retomó ésta en 1920. Fue publicada en 1924, teniendo desde el primer momento una gran acogida por parte del público. Su éxito fue inmediato.
La confección de esta novela lleva aparejado un profundo cambio en las ideas políticas del autor . Al estallar la primera guerra mundial apoyó la causa belicista y el nacionalismo alemán con varias publicaciones, hecho que le enfrentó a su hermano Heinrich Mann. Desde 1922, reconciliado con su hermano, tomó partido por la democrática República de Weimar.
La historia está narrada en tercera persona, totalmente lineal. Es densa, con largas y a veces inexplicables conversaciones y situaciones. En ella todo parece perfecto, situaciones, causas, personajes, en fin, un modelo de la literatura del cercano siglo XIX. Los que ya la han leído animan a no dejar de hacerlo pese a las dificultades que presenta en muchas ocasiones. Es más, dicen que una vez leída y pasado un tiempo prudencial es aconsejable volver a releerla, disfrutando nuevamente de su narración y apreciando mejor los detalles que pudiesen haber pasado desapercibidos la primera vez.
Comienza la historia con la llegada del joven Hans Castorp al Sanatorio Internacional Berghof en la localidad de Davos en los Alpes Suizos. Se trata de un sanatorio antituberculoso y el objeto del viaje es visitar durante un corto espacio de tiempo a su primo Joachim Ziemssen allí internado. La edad de Hans es de solo 23 años, procede de Hamburgo donde le espera un porvenir como ingeniero naval en unos Astilleros. Él es un burgués descendiente de antiguos senadores de la ciudad desde los tiempos de La Hansa.
Berghof es un sanatorio de gente de buena cuna y educación. La intención de Hans era pasar unas tres semanas en el centro, acompañando a su primo y disfrutando con él de las belleza del lugar y su saludable clima. Un resfriado y una revisión médica le descubren una afección pulmonar, por lo que debe quedarse en el sanatorio durante algún tiempo que se estima será largo.
El carácter disciplinado de Hans le ayuda a adaptarse a la disciplina del sanatorio. Como interno que es interviene en la vida cotidiana del centro, donde la convivencia continua con la muerte hace que los enfermos pese a su cuna, cultura y educación, en más de una ocasión se tomen a la ligera los convencionalismos sociales, lo que nuestro recto personaje no aprueba.
Es a través de él como iremos conociendo al resto. El ferviente liberal Settembrini, fiel seguidor de la llama del progreso. Tomará a Hans como su pupilo disertando sobre eternas y muy pedantes disquisiciones; su rival y no menos pesado Naptha, jesuita oscurantista y medievalizante; Pepperkorn la fuerza de la naturaleza y muchos otros, sin olvidarnos de Madame Chauchat, de quien se enamora perdidamente nuestro heroe. Llega hasta tutelarla.
Con el paso de los años, las conversaciones inacabables, la muerte y la llegada de nuevos personajes, Hans va madurando; La Montaña Mágica consiste por tanto en una novela de aprendizaje, en la que vemos los cambios que unos y otros provocan en el protagonista, al que todos quieren educar, labor facilitada por la forma de ser de Hans, bastante influenciable.
Llega un momento en que todos parecen que se estancan en sus posiciones. El narrador ha de darles un empujoncito y es entonces, con la sensación de que la novela está en una vía muerta, cuando el comportamiento de los personajes van cambiando, sin giros violentos, pero provocando un nuevo enfoque, genial, de la novela: que la convierte en una verdadera parábola de la tragedia europea durante la primera mitad del siglo XX, de su impecable marcha hacia el abismo y de como la semilla de las catástrofes que se sucedieron estaba germinando entre educados y pedantes burgueses. Es esta última parte la que da sentido a la obra, la que ha hecho de ella todo un clásico.